Los
gemidos llenan el aire,
mientras
el sudor lo empapa todo
y el
característico perfume
fija
el momento en la tierra.
El
choque de dos cuerpos,
el
roze de dos almas
del
instante gemelas.
El
frenesí del forcejeo
de
nada más que las pasiones,
humanas,
naturales, solas, enteras.
La
piel ardiendo pide cleméncia.
Los
músculos, desgarrados, no pueden más.
Ya
no queda sangre
pues
es deseo lo que portan las venas.
Y al
fin el caballo es domado.
La
culminación del momento,
es
como agarrar las bridas del tiempo
por
un momento,
sí,
pero
por un momento eterno.