miércoles, 5 de octubre de 2011

Walden.

No puedo respirar.
Me falta el aire.
No puedo respirar colonias, ni marcas, ni modas.
No puedo respirar ni camisas, ni pantalones, ni zapatos, y mucho menos maquillaje.
No puedo respirar el aire. Bueno, está contaminado, así que diré: los coches, las fábricas y las personas no me dejan respirar.
Me sobran las tonterías, y me faltan tantas cosas... personas, sueños o libertad.
No puedo respirar ni política, ni noticias ni sangre.
No puedo respirar fama ni poder, y sobre todo, no puedo respirar dinero.
Y en definitiva, no puedo respirarme.
Me falta el aire, y no lo voy a encontrar aquí.

Y lo he intentado. 
He intentado respirar en la universidad, rodeado de gente o en la carretera.
He intentado respirar conocimientos, amigos y letras.
Pero de poco ha servido.
Quizá sean suficientes esas ínfimas dosis de oxigeno para quien no se mueva. Pero necesito más, o por lo menos, necesito ensanchar mis pulmones, para que un día, pueda vivir de eso.
He intentado respirar viajado, pensando o imaginando.
He intentado respirar música, tinta y gasolina.
He intentado respirar en un escenario, bajo las estrellas e incluso del cuerpo de una mujer.

Lo he intentado y no puedo.
No encuentro aire suficiente para el movimiento de mi corazón.

domingo, 2 de octubre de 2011

Ha de ser título largo, para ocupar todo el espacio disponible y no quede descompensado con el texto centrado.

Temo el día
en que ya no sople el viento.
Cuando las hojas caigan por caer
y el oleaje sea solo movimiento.

Me horroriza pensar
que el mar solo sea agua,
que el árbol nazca para crecer
y que el silencio solo mengua.
Que las nubes solo flotan
y los pájaros, meros espectadores de altura.
Que la vida sea lo que tardas en morir
y la muerte, el final de la amargura.

¡Me niego a pensar asi!
Y que el día en que un pájaro
no me haga llorar por evocar la libertad, 
que sea el día en que yo muera.
Cuando un árbol no simbolize la vida
y lo perenne no me dibuje una triste sonrisa,
cuando el ruido sea mejor que el silencio
o cuando el mar, cansado,
deje de provocar melancolía.
Ese, por favor, deja que sea el último día,
y se apague mi último aliento
cuando ya no vuelva a soplar el viento.