martes, 21 de agosto de 2012

Verde


Verde

Hoy es un día especial en la oficina,
ya no importan las horas ni el día.
Hoy no me siento preso en la jaula de cristal,
ya se que hoy nada acabará mal.

He conocido al ser más bello del mundo
y me ha hecho sentir todo, en apenas un segundo.
Algo tan profundo, tan hondo en mí que sé que no confundo,
era algo más que todo lo que había visto, sin duda.

En el camino a la perdición diaria la he conocido.
Era la única, la razón de mi momentáneo delirio.
¿Es real? Me pregunto ahora, tan lejos, tan cerca.
El cielo ha bajado para dejarme un regalo en la tierra.

Esa pequeña florecilla que me vuelve loco,
creciendo en el asfalto, entre grises y negros
necesitada de un manto de cariños etereos,
tan frágil como verde, tan grandiosa como pocos.

Pero la dejé ahí, y me llevé su recuerdo,
su mensaje claro: “Hazlo, se puede”.
Y ahí quedó, entre tanto negro el verde
y un juramento de ser, para siempre.

domingo, 10 de junio de 2012

¿Planes de vida? I don't want that, thanks.

¿Un plan para vivir? Si de verdad vives no existe tal cosa. No se puede calcular la vida, y de hacerlo, es que no vives.
Las cosas pasan. Algunas vienen sin más, otras las tienes que ir a buscar.
La vida ha de ser activa y la mente contemplativa, pues ha de absorber todo lo que ves, sientes, oyes, tocas y vives. Con la infinidad de estímulos que hay ahí fuera, ¿Como vas a permitirte el lujo de no dudar de todo cuanto sabes y conoces?
La vida es enorme y las posibilidades asustan, porque siempre se tiene respeto por la inmensidad. Pero hay que vivir, y qué mejor manera de hacerlo que con la ilusión y las ganas de un niño en su primer día de escuela.
Cuando el enfrentarte a algo nuevo es un reto y no una carga insoportable, cuando te desnudas ante el espejo para despojarte de "ropa social" y vestirte con unas nuevas telas, las tuyas; cuando pasa esto: Vives.

miércoles, 23 de mayo de 2012

De amor y guerra




Los gemidos llenan el aire,
mientras el sudor lo empapa todo
y el característico perfume
fija el momento en la tierra.

El choque de dos cuerpos,
el roze de dos almas
del instante gemelas.

El frenesí del forcejeo
de nada más que las pasiones,
humanas, naturales, solas, enteras.

La piel ardiendo pide cleméncia.
Los músculos, desgarrados, no pueden más.
Ya no queda sangre
pues es deseo lo que portan las venas.

Y al fin el caballo es domado.
La culminación del momento,
es como agarrar las bridas del tiempo
por un momento,
sí,
pero por un momento eterno.