martes, 21 de agosto de 2012

Verde


Verde

Hoy es un día especial en la oficina,
ya no importan las horas ni el día.
Hoy no me siento preso en la jaula de cristal,
ya se que hoy nada acabará mal.

He conocido al ser más bello del mundo
y me ha hecho sentir todo, en apenas un segundo.
Algo tan profundo, tan hondo en mí que sé que no confundo,
era algo más que todo lo que había visto, sin duda.

En el camino a la perdición diaria la he conocido.
Era la única, la razón de mi momentáneo delirio.
¿Es real? Me pregunto ahora, tan lejos, tan cerca.
El cielo ha bajado para dejarme un regalo en la tierra.

Esa pequeña florecilla que me vuelve loco,
creciendo en el asfalto, entre grises y negros
necesitada de un manto de cariños etereos,
tan frágil como verde, tan grandiosa como pocos.

Pero la dejé ahí, y me llevé su recuerdo,
su mensaje claro: “Hazlo, se puede”.
Y ahí quedó, entre tanto negro el verde
y un juramento de ser, para siempre.

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