Temo el día
en que ya no sople el viento.
Cuando las hojas caigan por caer
y el oleaje sea solo movimiento.
Me horroriza pensar
que el mar solo sea agua,
que el árbol nazca para crecer
y que el silencio solo mengua.
Que las nubes solo flotan
y los pájaros, meros espectadores de altura.
Que la vida sea lo que tardas en morir
y la muerte, el final de la amargura.
¡Me niego a pensar asi!
Y que el día en que un pájaro
no me haga llorar por evocar la libertad,
que sea el día en que yo muera.
Cuando un árbol no simbolize la vida
y lo perenne no me dibuje una triste sonrisa,
cuando el ruido sea mejor que el silencio
o cuando el mar, cansado,
deje de provocar melancolía.
Ese, por favor, deja que sea el último día,
y se apague mi último aliento
cuando ya no vuelva a soplar el viento.
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